sábado, 23 de mayo de 2009

La máquina de pensar en Gladys.

Antes de acostarme hice la diaria recorrida por la casa, para controlar que todo estuviera en orden; la ventana del baño chico, al fondo, estaba abierta –para que durante la noche se secara la camisa de poliéster que me pondría al día siguiente-; cerré la puerta (para evitar corrientes de aire); en la cocina, la canilla de la pileta goteaba y la apreté, la ventana estaba abierta y la dejé así –cerrando la persiana-; la lata de la basura ya había sido sacada fuera, las tres llaves de la cocina eléctrica estaban en cero, la perilla de control de la heladera marcaba 3 (refrigeración suave) y la botella empezada de agua mineral tenía puesto el tapón hermético, de plástico; en el comedor, el gran reloj tenía cuerda para algunos días más y la mesa había sido levantada; en la biblioteca debí apagar el amplificador, que alguien había dejado encendido, pero el tocadiscos se había apagado en forma automática; el cenicero del sillón había sido vaciado; la máquina de pensar en Gladys estaba enchufada y producía el suave ronroneo habitual; la ventanita alta que da al pozo de aire estaba abierta, y el humo de los cigarrillos del día se escapaba, lentamente, por ella; cerré la puerta; en el living hallé una colilla en el suelo; la deposité en el cenicero de pie, que la sirvienta se ocupa de vaciar por las mañanas; en mi dormitorio le di cuerda al despertador, comprobando que la hora que indicaba coincidía con la del reloj pulsera en mi muñeca, y lo puse para que sonara media hora más tarde a la mañana siguiente (porque había decidido suprimir el baño; me sentía un poco resfriado); me acosté y apagué la luz.
Por la madrugada desperté inquieto, un ruido desacostumbrado me había producido un sobresalto; me ovillé en la cama y me cubrí con las almohadas y me puse las manos en la nuca y esperé el final de todo aquello con los nervios en tensión: la casa se estaba derrumbando.

(En el libro de cuentos "La máquina de pensar en Gladys", de Mario Levrero)

12 comentarios:

eve dijo...

AY

Nicolas Manservigi dijo...

genial

Julia Q. dijo...

me gustó el clima del cuento...

Anónimo dijo...

Falta la parte alternativa del cuento...

Lulú Cissy dijo...

muy bueno!

Edlr dijo...

Gran cuento! La irrupción de lo fantástico e inesperado (la máquina y el derrumbe), dentro de una anodina cotidianeidad es el "toque" de este increíble escritor que hoy tristemente ya no está con nosotros.

Anónimo dijo...

Lol!

Anónimo dijo...

Muy buen cuento me gusto mucho🇦🇷🇦🇷

Anónimo dijo...

nasheeee

Anónimo dijo...

qué hacen acá? Dejen de molestar

Ian frick dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

pero qué al pedo están todos, no tienen nada mejor que hacer?
Búsquense una vida